MACÚL

julio 1, 2008 at 2:19 am 3 comentarios

DE CÓMO ENCONTRÉ A MIS HIJOS

La historia de Macul como nunca antes la habías visto.

Evelyn Quinteros Elgueta

Érase una vez un pueblo indígena poblando la comarca de Ñuñohue. Érase una vez la vida antes de lallegada de los españoles. Érase una vez un suelo fértil y un cielo limpio. Érase una vez Ñuñoa, luego érase una vez Macul.

Así me contaba mi madre la historia de nuestra vida, de nuestros valles, de nuestro suelo, de nuestra gente, de cómo las verdes praderas se transformaron en grises avenidas y de cómo los días comenzaron a ser más largos. En 1984 nací al sur de la actual Ñuñoa y me bautizaron Macul, separándome de mi madre por un límite imaginario llamado “Rodrigo de Araya”. Heredé 12,9 de superficie y 112.535 hermosos lugareños. Comenzó para mi una nueva era, con mi propio alcalde, mi propia jurisdicción, mi propia autonomía… y mis propios problemas. Conocí nuevos límites de fantasía y los nombres de mis nuevos vecinos: “Avenida Departamental” – Comuna de La Florida (al sur), “Circunvalación Américo Vespucio”- Comuna de Peñalolén (al oriente) y “Avenida Vicuña Mackena”- Comuna de San Joaquín (al poniente). Me acostumbré a mi independencia y me gustó.

De a poco, fui viendo la vida con otros ojos y fui evolucionando mi pensamiento igual como evolucionó el de las personas que en mí habitan. Descubrí que no hay nada más triste que sentirse solo, ajeno, lejos. Por eso decidí acoger a las comunidades arbóreas inmigrantes en Chile (CAIC) y les presté mis suelos para que echaran raíces. Desde aquel día no paran de agradecérmelo. Los plátanos orientales (Platanus orientalis) se alojaron en Maratón, Pedro de Valdivia y Ramón Cruz, a lo largo de todas las avenidas. Yo diría que son la comunidad más grande que recibí. Las melias (Melia azedarach) se posaron hermosas en todas las calles, aunque el grupo más antiguo y conservador decidió quedarse cuidando la casa municipal o en Maratón, Rodrigo de Araya, Pedro de Valdivia o Vicuña Mackena. Los arces (Arce pseudoplatanus y Acer negundo) prometieron cuidarme las avenidas como soldados de acero y con su talante imponente se quedaron formados en Departamental, Américo Vespucio, Rodrigo de Araya, Avenida Macul, Las Torres y Maratón. Muy arreglados llegaron los ciruelos de flor (Prunus cerasifera) a pintar mis calles de arcoiris violetas, decidieron que Quilín, Ramón Cruz, Rodrigo de Araya y otras calles pequeñas eran el lugar perfecto para promover la fiesta. El fresno europeo (Fraxinus excelsior) se quedó a vivir en Quilín con Américo Vespucio, en Avenida Macul, Maratón, Pedro de Valdivia, Departamental y Vicuña Mackena. Otros árboles llegaron más tímidos y se fueron insertando lentamente, sin la intención de invadir: liquidámbar (Liquidambar stryraciflua L.), castaño de indias rosado (Aesculus x carnea), palmera (Phoenix sp), catalpa (catalpa bignonioides), jacarandá (Jacarandá mimosifolia D) y roble negro (Quercus nigra L .).

Dicen las creencias de mis abuelos que si haces algo bueno, la madre naturaleza te devuelve algo mucho mejor, lo llaman karma. Y funciona. Recibir a todas las CAIC trajo paz a este aire saturado de smog, le hizo una invitación a la biodiversidad y la convidó a quedarse con loritos y palomas que ahora encantan mis mañanas, llegó la naturaleza a entrometerse en el cemento y a recordarme lo bello de los ritos indígenas frente a los troncos de madera, se humedeció el aire y se absorbieron los ruidos de las bocinas escandalosas en la madrugada, además las comunidades de plátanos y arces taparon lo que nadie quería ver.

¡Ay si escucharas a estos árboles cuando hablan y se organizan!, cuando me agradecen el espacio que les di y cuando buscan pretextos para complacerme. Los plátanos y álamos cautivan hasta el caminar del vagabundo y lo seducen encauzando su trayecto. Los liquidámbar, palmeras y ciruelos en flor juegan a formar contrastes con la arquitectura y se pelean el récord de quien adorna mejor los muros, edificios o inmuebles. Cada una de las comunidades sabe que su sola presencia invade las mentes de los lugareños y los relaja, los cautiva, los envuelve, actuando como psicólogos silenciosos de todos los vecinos.

Y así me transformé en mamá de las CAIC, y las quise porque formaron parte de mi, porque recordaron mi pasado y porque proyectaron mi futuro. Por eso debo lidiar con aquellas cosas que entorpecen su crecimiento y pedirle al frío que no se acerque a las melias y al agua que nunca falte para el castaño y al suelo que sea profundo y permeable para el álamo y al viento que se aleje de los catalpa y a los hombres que no generen lluvia ácida ni podas severas que dañen las copas y provoquen pudriciones.

Ahora que soy mayor comprendí por qué mis hijos se quedaron a vivir en distintas calles y ocuparon todo mi vientre para cobijarse. Entendí que los árboles de gran envergadura no podían quedarse en calles pequeñas porque la fragilidad de su madera causaría accidentes en las personas, que los que brotaran temprano y mantuvieran el color de sus hojas por mucho tiempo debían quedarse alegrando calles repletas de arquitectura, que los ciruelos tenían unas flores preciosas que debían mostrar incluso a la gente de otras comunas, que necesitaban desarrollarse rápida y vigorosamente, que los que tuviesen raíces gruesas y enormes debían conformar avenidas principales, que no importaba cuanta alergia causaran los plátanos la gente deseaba verlos impecables, asombrosos y generosos en todas las calles, que debían ser varias especies para mitigar desastres ecológicos venidos por alguna plaga con mala intención y que por sobre todas las cosas debían tolerar el polvo y la contaminación. Cada árbol en su lugar, cada color en su momento, cada espacio convertido en monumento con la sola presencia de ellos, mis niños.

Cuando yo sea anciana y no pueda hablarles, me gustaría que alguien se preocupara de las yemas apicales de mis plátanos y arces para que nunca topasen con el cableado eléctrico, me gustaría que alguien se encargara de recoger las hojas que mueren y caen para que no se obstruyan los alcantarillados ni oviductos, me gustaría que controlasen a los arces para que no se muevan de las calles grandes porque ahí sus raíces no causan problemas, quisiera también que se preocuparan de las ciruelas de los ciruelos y que las recogieran en cuanto cayeran al piso para que ningún niño sea castigado por manchar sus ropas. Me gustaría que existieran planes municipales serios donde se viera la importancia del manejo correcto de los árboles ornamentales. Me gustaría que hubiesen más agrónomos comprometidos con el paisaje, con el entorno, con sus propias raíces. Me gustaría que me recordaran por ser la comuna más linda de todo Santiago.

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La Reina: Santiago…

3 comentarios Add your own

  • 1. Daniel  |  junio 12, 2010 en 9:50 am

    ¿y donde quedó el algarrobo, el chañar y el molle??

    estan muertos. al igual que la gente que vivia en esa hermosa y verde comarca llamada ñuñohue antes de la llegada de satanás.

    saludos.

    Responder
  • 2. María Cristina  |  febrero 9, 2011 en 10:57 am

    Donde están los proyectos de áreas verdes para Macul, no saben que la inconsciencia y el poder económico de las autoridades no hacen nada con respecto, a la buena calidad de vida de seres humanos y animales que habitamos en la tierra. La cual debería ser respetada y no abusar colocando multicanchas de pasto sintético cerradas a beneficio y lucro de unos pocos, privando a la tierra lucir un hermoso parque donde todos camináramos bajo frondosos arboles y un suelo verde acompañados de nuestros hijos, nietos, amigos o una mascota. Donde están los paisajistas que no pelean por tener una ciudad hermosa y libre de contaminación?
    Ese es nuestro dolor al ver que nuestra municipalidad entrega bienes de uso publico a concesión, para transformar una avenida parque en complejos deportivos de pasto sintético sin importarles que toda la comunidad aledaña a él esté en desacuerdo.
    Fuera de ésto ese proyecto que en nada beneficia, existe el peligro de quedar encajonados cuando se ocupa el estadio monumental para cualquier evento.
    Por eso nosotros estamos luchando por recuperar el bandejón central de marathon para un hermoso parque donde se cuenten historias bonitas como la expuesta por Eveyln Quinteros E .¿ que historia vamos a poder contar nosotros ? que lindo el pasto sintético que nació del hombre para calentar nuestro medio ambiente y ahorrar agua !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! o que hermoso nuestro complejo deportivo cerrado , que si no tengo dinero para usarlo lo debo ver desde fuera con unas mallas metálicas que se ven muy lindas!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! . Nada se puede comparar a una historia tan bella como la Naturaleza y que hoy destruimos solamente con el cruel afán de obtener mas dinero.
    ¿ Cual será el legado que daremos a nuestra descendencia ?
    Esto es cada vez mas caótico, mientras EEUU cuida todos sus parques nosotros solo copiamos lo malo de ellos pasando a llevar todo lo que la madre naturaleza nos entrega en forma gratuita y que solamente nos ha pedido a cambio, cuidar como el mas bello de los tesoros.

    Responder
  • 3. Mariela  |  marzo 24, 2012 en 9:54 pm

    Quiero comentar que la palabra Macul cumple con la regla ortografica de las palabras agudas, que dice que aquellas palabras terminadas en n, s o vocal son acentuadas en la ultima silaba. Y Macul termina en L. Por lo tanto comento la falta de ortografia cometida con la palabra MACUL

    Responder

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